Jugar en familia con propósito este verano

Como educador, siempre me ha interesado encontrar formas de acompañar el desarrollo de los estudiantes. Y como jugador que disfruta en general de los juegos para ganar dinero real, me sigue sorprendiendo la capacidad creativa que los videojuegos ofrecen año tras año. Hace más de una década, muchas de las tecnologías que hoy vemos en consola y en PC habrían parecido casi imposibles. Sin embargo, los desarrolladores continúan ampliando los límites de lo que este medio puede hacer. Por eso me entusiasma especialmente ver cómo los videojuegos se utilizan no solo para entretener, sino también en ámbitos como la educación. Si buscas una opción orientada al aprendizaje de tus hijos, puedes explorar la Advantage Student Orientation Platform, pensada para apoyar ese proceso.
Tras un año difícil para muchas familias y escuelas a causa de la COVID-19, se han perdido numerosas oportunidades de aprendizaje. Si te preocupa cómo ayudar a tu hijo o hija a no desconectarse durante las vacaciones de verano, los videojuegos pueden ser una herramienta útil no solo para mantener su interés, sino también para reforzar habilidades ya adquiridas. Además, compartir este tipo de experiencias puede convertirse en una forma valiosa de estrechar vínculos familiares y generar recuerdos que se conservarán mucho después de que termine el verano. También puedes encontrar Star Wars legion on Unplugged Gaming y empezar a subir de nivel.
“Me encantaría”, quizá pienses. “Pero por dónde empiezo, qué tipo de juegos le gustan a mis hijos y cómo sé si un juego les ayuda de verdad a desarrollar habilidades en lugar de ser solo una distracción?”
Mi experiencia me ha enseñado que casi cualquier tema puede convertirse en una oportunidad educativa si se aborda con intención y tiempo. Sobre el papel, los videojuegos pueden parecer simples juguetes, pero, mirados con otra perspectiva, también sirven para introducir una gran variedad de asuntos. Lo he visto en mi propia vida y creo que, si los juegos despertaron en mí interés por aprender, también pueden hacerlo en otras personas. En este artículo explico por qué merece la pena implicarse con los hijos durante el verano a través del juego, empezando por el aprendizaje tangencial y avanzando después hacia formas más directas en las que el videojuego puede favorecer su formación.
Aprendizaje tangencial
En el artículo My Education Superpower, Chris Aviles define el aprendizaje tangencial como “el proceso por el cual las personas se autoeducan sobre un tema cuando este se les presenta a través de algo que ya aman”. Como adulto, puedo dar fe de que ese tipo de aprendizaje marcó mi propia trayectoria educativa desde muy pequeño. Recuerdo que, cuando era niño, veía a mi padre jugar a videojuegos de estrategia en tiempo real, como Lord of the Realms II, Age of Empires II y Stronghold. Me fascinaba ver cómo desplazaba ejércitos por el mapa, conquistaba territorios y tomaba decisiones en tiempo real. Y todavía recuerdo la emoción de que, de vez en cuando, me dejara seleccionar unidades o moverlas yo mismo.
Cuando tuve edad suficiente para jugar por mi cuenta a Age of Empires II, elegí la campaña de El Cid incluida en la expansión Conquerors y la completé. La historia se iba desplegando ante mí a medida que conocía el trasfondo del personaje y participaba activamente en sus batallas. Aquella experiencia despertó mi curiosidad por la figura histórica que estaba interpretando, pero también por otros protagonistas de las campañas del juego. A raíz de ello, busqué libros sobre esos personajes y aprendí más sobre su papel en la historia, al mismo tiempo que recordaba con afecto la partida que me los había presentado. Sigo sintiendo un gran interés por la historia, y creo que en buena medida se lo debo a juegos como Age of Empires II.
Construir relaciones mostrando interés
El aprendizaje tangencial no siempre resulta evidente para quien juega, porque a veces cada descubrimiento interrumpe durante un momento la experiencia y obliga a detenerse. Si no tienes claro si tu hijo está viviendo ese tipo de aprendizaje por su cuenta, o si simplemente quieres estimular su curiosidad, prueba a sentarte cerca y observar cómo juega. Hazle saber que lo haces por interés y no para vigilarlo. Pregúntale a qué está jugando, qué le resulta divertido, cuál es el objetivo de la partida y cualquier otra cosa que te permita entender mejor el juego sin invadir su concentración cuando esté muy absorto.
A medida que entiendas mejor lo que juega, puedes introducir poco a poco ideas o sugerencias que le ayuden a pensar de forma crítica incluso cuando no esté frente a la pantalla. También puedes proponerle pequeños retos que desarrollen su concentración y su creatividad. Me gustó mucho este vídeo de Extra Credits, que ofrece más ejemplos sobre cómo los videojuegos pueden fortalecer las relaciones y servir como puerta de entrada a conversaciones más profundas y a nuevos aprendizajes. Según el tipo de juegos que prefiera tu hijo, pensar de manera creativa y fuera de lo habitual puede ser fundamental, pero los beneficios del aprendizaje tangencial se notan sobre todo a largo plazo. Cuando el alumnado vuelva al aula en otoño, esta experiencia puede facilitar la comprensión de materias como historia o literatura. En definitiva, este tipo de aprendizaje ayuda a formar personas más autónomas y con mayor motivación para aprender.
Participación familiar a través del juego
Lo ideal es que los videojuegos no sean siempre una actividad aislada. Aunque yo suelo jugar sobre todo a títulos para un solo jugador, también me gusta compartir a veces esas experiencias con amigos y seres queridos. Probablemente a tus hijos les ocurra algo parecido, aunque los veas encerrados en su habitación con los auriculares puestos y parezca que están en otro mundo. Siempre que puedas, busca un momento para reunir a la familia y pídeles que te enseñen sus juegos favoritos. No hace falta que participes si no te apetece, pero darles espacio para hablar de lo que les gusta demuestra interés y voluntad de compartir tiempo con ellos, algo que refuerza la confianza.
Si además tú también juegas, puedes enseñarles algunos títulos que te hayan gustado a ti. Eso amplía su repertorio y les permite descubrir juegos que quizá no encontrarían por su cuenta. Jugar juntos a títulos multijugador como cualquiera de los Mario Kart, Among Us o League of Legends también genera conversación, fortalece el vínculo y ayuda a desarrollar rasgos importantes como el juego limpio y la gestión de las emociones durante la partida. Los videojuegos no tienen que convertirse siempre en una actividad colectiva, pero sí pueden ofrecer, de vez en cuando, un entorno seguro en el que reforzar relaciones y construir recuerdos que toda la familia pueda mirar después con cariño.

Deja un comentario