Psicóloga sobre los videojuegos: ¿los juegos violentos fomentan la violencia en la vida real?

La cuestión no es tanto cómo controlar, sino cómo construir con un niño o un adolescente un vínculo de confianza para que se sienta cómodo hablando con los adultos sobre lo que hace en el entorno digital y no tema contar si ocurre algo extraño. Cuando ese vínculo existe, la vigilancia deja de ser el centro, porque son los propios niños quienes comparten a qué han jugado y con quién han hablado, explica la psicóloga Eglė Gudelienė.
Según la especialista, pretender supervisar al detalle qué juegan y de qué manera lo hacen los menores en internet es, en la práctica, poco realista. A su juicio, a los padres les resulta más útil intentar seguir el ritmo de sus hijos, ya que ellos encuentran juegos con mucha más rapidez que los adultos. Eso no significa que no puedan orientarles: si conocen propuestas educativas de calidad, pueden sugerirlas. Sin embargo, Gudelienė recomienda sobre todo revisar qué aplicaciones o juegos ha descargado el niño y filtrar ese contenido con criterio.
La psicóloga también aconseja jugar de vez en cuando con el menor a su videojuego preferido o, como mínimo, sentarse cerca con curiosidad mientras juega. Esa simple presencia ayuda a comprender el contexto del juego, a valorar si hay algo perjudicial y, además, permite conocer mejor al niño: si le atraen más los juegos de estrategia, los de rol o los de reacción rápida.
La lucha en un juego no es lo mismo que la violencia
Para E. Gudelienė, los juegos violentos no deberían estar en el ordenador de ningún niño, pero eso no significa que haya que eliminar sin matices cualquier título que incluya escenas de combate. En muchos videojuegos existe un conflicto o una batalla que, por sí mismos, no son negativos; algo parecido ocurre en los cuentos, donde también aparecen enfrentamientos entre “buenos” y “malos”. Si en un juego el villano desaparece al tocarlo con una varita mágica o una espada, eso no equivale necesariamente a violencia: puede ser una forma simbólica de resolver un conflicto y de canalizar la agresividad interna de manera segura. Distinto es el caso de los juegos de disparos, con sangre explícita, sonidos agresivos o efectos visuales pensados para impactar, que sí resultan perjudiciales para el menor, subraya la psicóloga.
Los estudios sobre el efecto de los videojuegos violentos en adolescentes y adultos se vienen realizando desde hace unos veinte años, pero la comunidad científica todavía no coincide en si ese contenido deja una huella duradera en la psique. Lo que sí parece claro, señala la experta, es que quienes juegan mucho a este tipo de videojuegos desarrollan una mayor tolerancia hacia la agresión. No se vuelven necesariamente más agresivos, pero sí pueden mostrarse más sensibles a la violencia y reaccionar con menor rapidez ante algunas de sus manifestaciones, como las burlas o el acoso.
Quienes quieran informarse sobre cómo jugar de forma segura a los videojuegos podrán hacerlo también en los eventos de la Semana de Internet Segura, que se celebrará del 8 al 13 de febrero. En esta iniciativa mundial anual, el proyecto „Prisijungusi Lietuva“ prestará especial atención al contenido dañino en internet. Los alumnos de 4.º a 6.º curso podrán participar en clases educativas sobre juegos en línea, amistades virtuales, conducta segura y contenido perjudicial en la red, además de en la competición nacional del Día de Internet Segura.
El ordenador no se recomienda antes de los tres años
La psicóloga compara el espacio virtual con una persona desconocida: cada familia, teniendo en cuenta las características de su hijo, debe decidir por sí misma cuándo es un buen momento para que el menor empiece a relacionarse con él. “No podremos evitarlo, pero cuanto más tarde aparezca el entorno virtual en la vida del niño, más espacio tendrá para experimentar y conocer el mundo cotidiano, donde también hay cosas interesantes y agradables. Aun así, la esfera digital es muy absorbente, como un país de dulces, y cuando se recibe una recompensa tan intensa, cuesta encontrarle un sustituto”, señala E. Gudelienė.
La mayoría de especialistas coincide en que antes de los 2,5 o 3 años el ordenador no es recomendable para los niños. Más adelante ya puede permitirse un primer contacto, siempre con medidas de seguridad y contenidos adecuados. En la etapa preescolar, los juegos informáticos pueden ayudar a prepararse mejor para la escuela, porque en internet abundan actividades de aprendizaje, aunque el tiempo diario frente al ordenador no debería superar una hora. En edad escolar, se aconseja no pasar más de una hora y media o dos al día. En el caso de los adolescentes, además, la realidad debería ocupar al menos tanto tiempo como el mundo virtual, sin contar el sueño nocturno. “Por ejemplo, si se dedican 8 horas a dormir y 8 a las clases, las 8 restantes tendrían que reservarse para estar y relacionarse en la realidad con amigos, familiares o mascotas”, apunta la psicóloga.
¿Qué hacer si no se consigue cumplir estas recomendaciones? E. Gudelienė propone pensar menos en prohibiciones y más en alternativas. Para equilibrar el mundo digital y el real, considera importante mantener la comunicación con el niño cuando sale del entorno virtual: salir a pasear juntos, conversar, jugar a juegos de mesa, atender las necesidades diarias o visitar a personas cercanas cuando sea posible. En la familia, insiste, conviene estar juntos, buscar aficiones comunes y interesarse con respeto por el mundo del otro. El vínculo con los padres es esencial para que el niño y el adolescente crezcan con seguridad y se sientan valiosos; de lo contrario, la esfera virtual suele convertirse en un sustituto de la conversación y la convivencia, explica la experta.
Las restricciones son útiles cuando aparecen señales de alarma
Aunque no sitúa la control y los límites como primera respuesta, la psicóloga admite que hay situaciones en las que resultan inevitables. Tiene sentido aplicarlos, dice, cuando se observa un cambio en el comportamiento del adolescente: más ansiedad, retraimiento, abandono de las clases en línea o uso del ordenador durante la noche. Son señales de que conviene limitar el tiempo de conexión. Para ello pueden utilizarse herramientas tecnológicas, como la aplicación móvil „Family Link“, que permite controlar y restringir el tiempo de pantalla.
E. Gudelienė también insiste en la importancia de hablar de seguridad en todas las etapas de la infancia y la adolescencia. Puede parecer que los adolescentes ya conocen las normas básicas para navegar con prudencia —no compartir información personal, no enviar fotos de su casa, mantener cautela con desconocidos—, pero la experiencia demuestra que se apegan con facilidad a sus amistades virtuales y a menudo revelan más información de la que deberían.
Mejorar esta realidad es precisamente uno de los objetivos del Día de Internet Segura, una iniciativa presente en 150 países que este año se celebra el 9 de febrero. Su propósito es llamar la atención sobre los retos digitales actuales y fomentar un uso más seguro de internet y de las tecnologías digitales entre todas las personas, especialmente entre niños y jóvenes.

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